Manual práctico de perreo intenso y sudoroso en el metro de Medellín

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El siguiente manual busca ser una guía práctica para los usuarios de este sistema de transporte, tan útil y propicio para tener una experiencia nunca antes vivida. Lo primero es que debe tener en cuenta la hora en que lo use, pues cada una propone una abanico de sensaciones extremas:  la mañana llega con ese frio de madrugada, con el afán de llegar a trabajar, con los primeros planos a las lagañas, con los olores a jabón y perfumes estrambóticos, con el bostezo generalizado, con la cara de yo-no-quiero-ir-a-trabajar-pero-me-toca y las imágenes de las féminas que aprovechan lo privado del metro para darse un retoque y el que no le alcanzo la cama para dormir y hasta saca cobija y se echa el ultimo sueñito. El día en general es variado y diverso, desde la soledad hasta el hacinamiento, desde lo local hasta lo internacional (hasta extraterrestres ve uno). Y la tarde noche viene con el regreso a casa, con el sudor del día, con la ira de salir primero, con el hambre, con la cara de tengo-que-volver-mañana-a-trabajar.

Pero bueno lo que nos interesa acá es el perreo intenso y sudoroso, es decir esos momento en que el metro esta a reventar como una rumba en barrio popular o un concierto gratis o una fila para pedir un subsidio de familias en acción.  En estos casos lo importante es poder ingresar al metro es decir prepárese para un proceso complicado, la cosa es dando codazos y rodillazos (como si uno estuviera en el bar la Gallina Punk) empujando a diestra y siniestra, olvídese de pedir permiso que así la cosa no funciona. Tenga cuidado con las sanguijuelas puerteras, estos especímenes suelen aferrarse a la puerta como Jota Mario se aferra a una franja televisiva y bien lo pueden estar dejando afuera del metro, si esa es la cuestión prepárese mejor para la próxima y entre saltando por encima de todos con una gran voladora tipo cantante de rock. Una vez adentro tome lo que podría ser la decisión más importante de su vida, buscar donde sentarse o quédese parado (bueno de pie, no vaya esto se confunda con el verdadero perreo intenso).

Si usted decide sentarse tenga mucho muchísimo cuidado con las viejitas discapacitadas embarazadas con niños y paquetes en brazos, ellas obviaran cualquiera que sea su condición y lo miraran cual ave de rapiña (mas si usted está sentado o pretende sentarse en el último puesto) además ejercen una presión social en los usuarios del metro (algo así como la presión que ejercen los estudiantes colegiales en sus congéneres para hacer cualquier maldad). Pero usted tranquilo la cuestión es hacer lo mismo, mirar feo a todo el mundo y con cara-de-yo-no-fui (si le sirve vea una foto de Andrés Felipe Arias) y murmurar para usted mismo, pero que todo el mundo lo escuche: eh pero es que nadie le va dar el puesto a la señora, ya no hay caballeros (asi usted no se lo crea y sepa que efectivamente la figura del caballero murió con el feudalismo, usted nada mas dígalo como si lo creyera como político en campaña.

Si usted decide quedarse parado (bueno habíamos dicho que de pie) ahí la cosa es empezar a disfrutar del rose social, de todo el amacizamiento . Usted no se preocupe por agarrar el tubo, si logra ubicarse bien entre una señora de proporciones boterísticas y algún colegial u universitario con un morral de campaña (como si fuera a darle la vuelta al mundo en 80 días) usted ha logrado una buena posición de ahí no lo sacan (esta usted mas metido que Chávez en la presidencia o Uribe en twitter). Si no logra esta posición aténgase al ir y venir del metro y ruegue porque sea un aprendiz que todavía no sabe mover la palanca porque eso le brindara un roce inigualable con todo el metro, hombres y mujeres todos unidos en un solo movimiento lineal sudoroso.

Para salir, lo mas excitante es que usted se haga en la mitad del vagón entre dos puertas y empiece a intentarlo 17 estaciones antes de su llegada. Muévase, retuérzase, descualquierese, gírese, agáchese todo vale con tal de llegar a la puerta. Una vez allí, si usted en su maletín de por casualidad tiene una moto sierra tipo viernes trece no dude en usarla pues la salida de seguro  será  sangrienta y dolorosa, una vez se abran las puertas acabe hasta con el nido de la perra o aténgase a quedarse adentro del metro y sufrir la vergüenza de no poder salir y el tedio de tener que ir hasta otra estación y devolverse.

 Espero que sus viajes en el metro cambien de ahora en adelante y abrazo fraternal y sudoroso.

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