¿hoy hay cuenteros?

 

Llegar a la Universidad con las ganas puestas y los cuentos en la maleta, la cabina de sonido al hombro y los cables apenas pa desenrollar. Gotas de sudor bajan por el cuello, mientras el celador escribe “cavina de sonido” y “sed de luces y cables”. Efectivamente hay sed, pero de la magia de las palabras, de canelazo, de velas prendidas y ojos resplandecientes y aplausos… a la UNA, a las DOS y a las… la gente está que se aplaude, sobre todo una chica que aplaude precozmente,  hay que generar la tensión.

Desde la semana anterior se discuten detalles de la función, que si canelazo o que si mejor no, quiénes cuentan, quién lleva qué, qué hay que comprar y quién lo compra. Ese día desde la una de la tarde llamadas van y vienen, hay que conseguir arena, adobes, leña, olla, agua. Mientras todo se consigue, caminando por la universidad no falta el que lo mira a uno y le pregunta “¿hoy hay cuenteros?”. Así mismo como preguntan cuando es lunes, o martes, o miércoles, o uno está en la estación de metro, o en la playa con la oriental, o tomándose un shot en un bar, o la tanqueta pasa por el lado y los gases colorean el ambiente y las explosiones le hacen eco a la pregunta.

A las 4:30, hay mucha gente en las gradas y a medida que avanzan los minutos el TAL se va llenando. Esas gradas, recientemente organizadas, que hasta hace cuatro años servían de comedor para almuerzo en la tarde y comedor para comida en la noche y en lo oscuro (cof cof), hoy se llenan de gente dispuesta a escuchar historias, gente de la U y gente de afuera; esa gente que a veces se cuela y evade la gran y omnipotente muralla de la TIP, esa gente que pregunta cómo pueden hacer para entrar a la UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA (publica y abierta) a los jueves de cuenteros y a la que nosotros NUNCA les respondemos que consigan una TIP prestada o que le hagan ojitos a los vigilantes o que digan que van para la biblioteca o el museo.

Mientras la gente empieza a llegar al ritual de los jueves cada quince días, unos con helado en las manos, con café, con mango con sal-limón, o cogidos de la mano de la pareja que conoció en el TAL; en el escenario se ultiman detalles, quién monta el sonido, quién la olla y el canelazo, quién presenta, quién cuenta de primero –el de sacrificio- y quién va siguiendo.

 

A la UNA, A las DOS y a las… Todavía no es momento de aplaudir, faltan detalles por cuadrar y el público todavía sigue llegando y no han alcanzado el punto exacto para empezar. Hay que explicar cómo es el aplauso, que se desconecten de aparatos y libros… acá vinimos a escuchar historias, a liberarnos un rato. Hay que recordar que se vale gritar, silbar, desfogar, creer en la magia de las palabras, desahogarse, imaginar como un niño, soñar  que el mundo es un lugar bonito, creer que otros mundos son posibles, gritar que uno tiene fantasías sexuales con Barney o que quiere que vuelva Daniela la de padres e hijos, porque en medio de la euforia colectiva nadie lo va escuchar y uno puede liberar los demonios.

La conversación sigue, el público ya está a punto, pero todavía se extiende ese disfrute de un preludio. A la UNA, A las DOS y a las… TRES: el TAL en pleno estalla en un aplauso, sin haber contado nada, sin haber empezado. Este es un aplauso de reconocimiento a cinco años de buenas historias, un aplauso por los cuentos ya contados, por las historias ya vividas, por estar ahí, los jueves cada quince días creyendo en la palabra y la magia de las historias vividas  

Es hora de presentar al equipo de trabajo que por sí solo ya es una historia, unos presentes, otros por llegar. Sandro Burgos: Ingeniero Químico, Jharry Martínez: Estudiante de Sociología, Camilo Andrés Sánchez Contreras: Estudiante de licenciatura en Lenguas Extranjeras, Juan Sebastián Monsalve Betancur: Estudiante de licenciatura en Lenguas Extranjeras. Los tres a punto de graduarse. Yovanny Torres: Estudiante de Licenciatura en Filosofía, de primer semestre.  Felipe Chávez: Estudiante de varias cosas, por ahora Química Farmacéutica, Fabián Velásquez Villa: Regente de Farmacia. Juliana Toro: Estudiante de Antropología. Katerin García Castro: Profesora de Ciencias Naturales. Edison Vargas (también conocido como Carlos Vargas), Cristian Portilla Ingeniero de la Universidad Nacional. Un grupo de trabajo interdisciplinario e interdepartamental (casi internacional) que se unen gracias a los cuentos.

Uno a uno empiezan a pasar los cuenteros, yo comienzo hablando de las veces que me han atracado y le dejo esos traumas al público. Siguen historias de vagón, esas cosas que le suceden a los universitarios en el metro y en la misma universidad, historias tradicionales con interacción del público, adaptaciones de cuentos que lo dejan a uno con ganas de tener una muñeca de esas plastisex, historias y anécdotas de vida, niñez y de aquellos diciembres que encuentran eco en el público que responde con algunas carcajadas.

En La Sombra, es ritual, es magia, es compartir, es prender velitas y saber que ahí está el público y los cuenteros porque el espacio no es lo mismo los unos sin los otros, es compartir canelazo y el extenso sentido de la palabra porque no hay vasos, ni canelazo pa tanta gente, toca de a dos o de a tres, apenas para que la gente aproveche y se conozcan los unos con los otros.

A eso de las ocho y algo de la noche llega el momento de la verdad, es hora de acabar y decir adiós por este año. Es la hora de la cereza del helado, del detalle de fina coquetería: El pozo de las voces, la oportunidad para que la voz del público se escuche en escena. La montaña de papelitos reciclados que se guardan en el pozo se hace más grande, quizás porque es el último día del año, quizás porque vino más gente, quizás porque estaban acumulados. Leer los papelitos del pozo no es fácil, hay que prestarle voz y alma al escrito… a veces se logra, a veces no. Se leen chistes, declaraciones de amor, mensajes de ánimo y agradecimiento por la labor hecha hasta ahora, máximas de pensadores conocidos y de algunos desconocidos, pensamientos algo posmodernos (pos no los entendemos muy bien, pero igual se leen), mensajes de algunos que se identifican con los cuentos.

La gente espera al último papelito, esperan así sean casi las nueve, esperan así haya que madrugar al otro día, esperan así el bus esté por pasar, esperan así tengan parcial(es) mañana y toda la otra semana, esperan así lleven 4 horas sentados, esperan al último papelito y a la despedía con la esperanza que esa despedida, sea un hasta el año entrante que seguiremos En la Sombra, con un cuento en el Alma.

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